Albúm IV Concurso Fotografía - Premio Especial A La Serie

GANADOR

 

 

 

Almacenamiento de líquidos a granel en nuestra vida cotidiana

Autor: Juan Ramón Larrocea Ormaechea

El almacenamiento de líquidos a granel es fundamental en nuestras vidas.
Se utiliza en la industria química, para la depuración de aguas, decapado de metales, desinfección y limpieza, industria petrolífera, industria alimentaria principalmente en la alimentación animal, abonos líquidos para agricultura, industria farmacéutica  imprescindible para nuestro sistema sanitario, etc. 
Para el almacenamiento de estos líquidos se utilizan tanques/depósitos de grandes dimensiones, principalmente cilíndricos, que se comunican entre sí por medio de tuberías.
Pueden ser de distintos materiales, aunque los representados en estas fotografías son de acero inoxidable,  mayormente utilizados para los líquidos alimenticios o procesos especiales.
Este tipo de almacenamiento reduce los costos por su aprovechamiento de espacio, mejora de la seguridad y buena accesibilidad, sobre todo cuando está presente en nuestros puertos al tener facilidad de recibir o expedir productos vía marítima en cantidades importantes.
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MENCION ESPECIAL

 

 

 

El viento de la Industria 

Autor: Mónica Vila Ferreirós 

Entre el cielo, el mar y la tierra, la ingeniería se convierte en silencio y movimiento.
Los molinos se alzan como esculturas del progreso, girando al compás invisible del viento que une lo humano con lo natural.
Son la huella de una industria que ya no domina, sino que dialoga; que transforma la fuerza del aire en energía, en vida, en futuro.
Cada hélice es un poema de equilibrio: la precisión del cálculo y la belleza del paisaje fundidas en un mismo giro.
En ellos habita la promesa de una sociedad capaz de construir con respeto, de avanzar sin olvidar el soplo que la sostiene.

FINALISTA

 

 

 

 

La Artística en Vigo: la doble contribución social de la industria

Autor: Alejandro Baqueiro Alfonso

La evolución de las ciudades industriales es curiosa: se forman en torno a esos polos de atracción que son las industrias, crecen y toman vida y entidad propias para después expulsar ese germen de su lugar, no dejándoles lugar para crecer o reduciendo su importancia hasta agotarlas. Vigo es un buen ejemplo: tenemos el Grupo de Empresas Álvarez o la Panificadora, que ya abandonadas quedan a la suerte de la especulación urbanística, Casamar y sus filiales como Cordelerías, ya derribada y sustituidas por un auditorio, un hotel y un edificio, las conserveras y astilleros de la zona de Bouzas o la zona industrial desaparecida donde ahora está la estatua de Rosalía de Castro, en la calle con su nombre. Todas estas iniciativas industriales dejan dos legados que se deben proteger, pero a veces acabamos perdiendo uno de ellos o ambos. Por un lado contribuyen al crecimiento de la ciudad, a la mejora en sus condiciones de vida, aportan soluciones a sus problemas cotidianos y permiten acceder a nuevas formas de satisfacer sus necesidades, además de generar otras que demandan recursos humanos formados para dirigirlas y encontrar medios de crecer. Por otro, dejan un recuerdo histórico, un legado arquitectónico que la ciudad debe saber aprovechar y mantener.
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